sábado, 21 de octubre de 2006

LA AUTOESTIMA Y NUESTROS PADRES

Muchas personas hablan de la "Autoestima" sin saber muy bien que es. Lo cierto es que es algo que no te enseñan con claridad ni en la Universidad ni tampoco mientras haces la especialidad. Para algunos significa algo parecido al "cariño hacia uno mismo". Pero expresado de esta manera no parece otra cosa que una especie de sentimiento narcisista y egocéntrico.

La autoestima se nutre del aprecio que tenemos a otra esfera que podríamos definir como "autoconcepto". ¡Ahora si que la he liado!. Parece el mismo perro con otro collar. Pero, sigamos explicando: el "autoconcepto" no es otra cosa que una especie de "cofre", parecido al que aparece en las películas de piratas llenas de joyas, collares de perlas y diamantes pero, en este caso, repleto de nuestras cualidades: la empatía que sabemos expresar, sentimientos y otras que pudieran parecer más banales pero no por ello, menos importantes: ser puntuales, conocer idiomas, hábiles en algún deporte, etc.

En otras palabras: la autoestima es el "cariño", el "aprecio" que le tenemos al "autoconcepto". Sí, al "cofrecito" en cuestión.

Inmediatamente, sobreviene otra pregunta: ¿Cómo comienza el desarrollo embrionario de ese cariño y aprecio?: en la infancia. Cuando nuestros padres nos hacen sentir queridos y apreciados es, justamente entonces, cuando comenzamos a darle valor a nuestro ser más íntimo, a nuestro "yo".

En la vida profesional diaria, al conocer a una persona en la que percibimos una baja autoestima siempre se me viene a la cabeza una sola pregunta: "¿te sentías querido/a por tus padres?". Los ojos se humedecen, bajan la cabeza y contestan: "No mucho". La percepción ya sea subjetiva o real es tremendamente destructora para todos los que la padecen.

En la infancia hagamos que nuestros hijos se sientan queridos. No nos dé ninguna vergüenza de expresar nuestros sentimientos y explicarles el motivo por el cual les estamos felicitando. Estaremos construyendo unas fuertes bases para su autoestima:”Si ni mis padres me quisieron, es que no valgo". Por el contrario: "Siempre me sentí querido y...apreciado".

José Miguel Gaona
Director "Educar Bien"


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5 comentarios:

Carlos dijo...

Siempre he pensado que todas las inseguridades que tenemos nace por malos tratos de nuestros padres (psíquicos). Los judios, tradicionalemente, siempre les han dico a sus hijos, desde pequeños: "Eres el mejor", "nadie te va a ganar", "no hay nadie más inteligente que tu", etc. Imagino que es una leyenda pero, en caso de ser cierta, tiene su fundamento.

Carlos

Anónimo dijo...

hoy en día,solemos dar demasiada importancia al tema este de la autoestima,hasta el punto de vernos confus@s y desorientados.
Creo que puede ser cierto todo esto q nos cuentan,ya q a mi de pequeña,mis padres siempre me decian que era torpe,y me lo llegue a creer.Pero cuando tu hijo es un antinormas,¿como puedes estar resaltando conductas buenas si no las ves ni debajo la tierra?
es muy facil la teoría,pero muy difícil la practica,lo siento.

Jose Miguel Gaona dijo...

En tu comentario está la respuesta: "...si no las 'ves' ni debajo de la tierra?".

La percepción de "no verlas" es lo que hace que no sepas apreciar las facetas positivas de su personalidad. Cada ser humano es un conjunto de cosas: buenas y malas. Si rechazas a tu hijo por lo malo recuerda que lo que, realmente, construye la autoestima es la INCONDICIONALIDAD. Es decir: yo te quiero por ser tu quien eres no LO que eres.

Saludos a todos

Anónimo dijo...

Pues a mi, desde pequeña, mi madre me decia que era listisima... pero como yo percibia a la persona que me lo decia, como poco cualificada para emitir esa opinion.... (dado que se referia a mi capacidad -supuesta- para estudiar ingenieria, siendo ella un ama de casa al uso), pues hasta hace bien poco (y tengo 45 años), he tenido la autoestima mas bien... muy baja. Hay ejemplos para todo. Un saludo y muchas gracias por estos comentarios.
Cristina

Roberto Matosas dijo...

Sí, y hay que seguirle dando importancia al tema de la autoestima! Por qué? De ella depende el éxito o el fracaso de una persona en la vida. El éxito entendido como hacer por uno mismo lo que puedo hacer; fracaso es engancharse en el error, sin saber que es una forma de aprendizaje, no la incapacidad para seguir adelante o intentarlo nuevamente.

Es por eso que cada vez que atendemos a un niño- con la mirada, con una palmada en la cabeza, con un abrazo o un elogio- le estamos transmitiendo parte de esa característica que se llama autoestima: estamos grabando en su cassette del autoconcepto nuestras actitudes, nuestros mensajes verbales para que pueda acudir a ese archivo de respuestas que hemos formado en su autoconcepto (imagen que se forma el niño a través de las palabras que enviamos a su personalidad) y su autoestima- valor que se da a sí mismo por la manera como es tratado y por cómo respondemos a sus preguntas.

Roberto Matosas
Educar Juntos