domingo, 8 de octubre de 2006

NO ES ACOSO TODO LO QUE RELUCE

Jokin era un adolescente de 14 años que se arrojó desde la muralla de su ciudad Hondarribia un martes 21 de septiembre después de sufrir el acoso continuado de un grupo de compañeros de clase. En la misma autopsia se pudieron comprobar la existencia de lesiones previas a su muerte. Días más tarde algunos condiscípulos, que no "compañeros", de Jokin fueron expulsados temporalmente del instituto.

Muchos estudiantes antes y después de Jokin han sufrido un acoso en forma de "matonismo" que algunos conocen como "bullying". El o los agresores actúan de manera deliberada con la exclusiva intención de herir o provocar malestar psíquico. Las víctimas sufren de manera permanente provocando daños irreparables en su identidad, especialmente frágil en esta etapa de la vida. Para empeorar aún más las cosas, el silencio de los demás compañeros actúa como un pesado muro de silencio en torno a su víctima.

Podría parecer que sobre todo los padres de las víctimas deberían preocuparse de este fenómeno. Sin embargo, también los progenitores de los acosadores podrían estarlo ya que algunos de estos niños completarán, en su etapa adulta, una personalidad con rasgos violentos y potenciales actitudes de malos tratos tanto con sus parejas como con sus hijos. Esta conducta, exenta de reglas de podría aumentar, además, el riesgo de padecer problemas con la justicia en los más diversos niveles. Su percepción de la realidad es confusa hasta el punto que muchos de ellos, paradójicamente, se sienten "provocados" (70,5 %) y por ello reaccionan violentamente. En otras facetas de su personalidad destacan la atracción por las actividades de riesgo (59%) y sus preferencias por las películas y los juegos violentos (41%).

Sin embargo el que uno de cada cuatro niños sufran acoso escolar, según una reciente encuesta, revela que las relaciones entre los niños, como era de esperar, se encuentran mediadas por ciertas dosis de violencia que son propias de todos los seres humanos. Podría ser inmensamente preocupante pensar que un 25 % de los niños españoles son “víctimas” diarias de “malos tratos” y que, finalmente, padecerán profundas perturbaciones psíquicas. Si, además, según dicho informe la mayoría de los “acosadores” son varones y sus “víctimas” mujeres nos trae a la memoria otra realidad cercana en la que, irresponsablemente, se criminaliza de manera continuada a uno de los sexos. Tan malo es ignorar el problema como acusar a uno de cada cuatro niños de ser, poco menos que un “maltratador” y, sugerir, intervención profesional para la que no habría, dadas las supuestas dimensiones del problema, suficientes psicólogos y terapeutas en nuestro país.

Prudencia, pues, ante estudios de contenidos llamativos y alarmistas y sigamos educando sin apuntar con el dedo a niños que, muy probablemente aprenderán a controlar esa violencia innata en los seres humanos y que comparten, por supuesto, ambos sexos.

3 comentarios:

griselda dijo...

Estoy de acuerdo:"no es acoso todo lo que reluce".
Tengo la inmensa suerte de encontrarme cada mañana con un número elevado de niñoas/as a los que se les ilumina el rostro cuando van llegando al aula y escuchan "buenos días,Lucía", "buenos días, Manuel"...Se acercan, me cuentan, escucho. Y empieza el momento más bonito de la educación:la tutoría.
Todavía, después de tantos años,me sigue sorprendiendo la cantidad de confidencias que nos cuentan los niños.Emplean más horas en "confesarse" con nosotros que con sus progenitores.Sólo consiste,y ellos lo notan,en dedicarles tiempo;en mirarles a los ojos mientras nos cuentan sus problemas, sus preocupaciones,sus inquietudes.Esperan una respuesta;una ayuda para poder solucionar aquello que para ellos es tan complicado y,en ocasiones,les quita el sueño.
Parece que un estudio dice que la mayoría de los "acosadores" son varones.No lo dudo. Pero no despreciemos la actitud,a veces sibilina, de las niñas para conseguir su objetivo sin dejar ni rastro de una posible agresión y mal trato a sus propias compañeras de clase.Las mujeres somos más sutiles y capaces de hacerlo sin resultar,siquiera,sospechosas de "acoso".Y ocurre con cierta frecuencia.Si los maestros estamos alerta podemos detectarlo. Será entonces cuando debamos actuar.

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo en que las mujeres somos más sutiles a la hora de hacérselas pasar "canutas" a un compañero de clase. Es el caso de mi hija de 10 años en el colegio. A base de llamarla gorda, no dejarle jugar en los recreos, dejarla sóla y aislada en el autobús que les lleva al polideportivo han conseguido que se sienta sola, rechazada, sin amigos y poco querida por su entorno escolar. Las noches se las pasa llorando porque dice que no tiene amigos en el colegio, las mañanas son un drama porque no quiere ir clase.Esta situación no es de este curso. Ya he tratado el tema con los reponsables del centro escolar pero no dan importancia a esta cuestión, "son cosas de niños" me dicen. Por suerte mi relación con mi hija es estupenda y me lo cuenta todo, pero qué contestarle cuando me pregunta ¿por qué no me quiere nadie?

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el artículo publicado, pero me sorprende el comentario de griselda. Un comentario que verdaderamente sobra, es una pena que una mujer diga "que la actitud, a veces, sibilina de las niñas para conseguir su objetivo, sin dejar huellas de una posible agresión y mal trato a sus propias compañeras de clase". ¿Es acaso ella una maltratadora?. Los niños y niñas son más inocentes de lo que un adulto pueda imaginar. No tienen dobleces, y se nota a la legua un niño y una niña travieso/a. Lo siento pero no puedo permitir que una mujer hable así.