miércoles, 24 de enero de 2007

CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE TDA y TRASTORNOS DE LA CONDUCTA

Este próximo viernes comienza en el Salón de actos del Hospital "Ramón y Cajal" de Madrid el segundo CONGRESO INTERNACIONAL MULTIDISCIPLINAR SOBRE TDA y TRASTORNOS DE LA CONDUCTA. Podéis ver toda la información en:
http://www.tdah-confias.com/

Me toca el honor de participar en la conferencia de apertura junto al Dr. Javier San Sebastián, presidente de CONFIAS, Dr. Jesús de la Gándara (Jefe del Servicio de Psiquiatría, Complejo Asistencial de Burgos), "Medios de comunicación y Menores" D. Enrique Beotas Periodista y Publicista."Televisión y Menores" D.ª Isabel San SebastiánPeriodista y Escritora."Navegación segura en Internet" D. Guillermo Cánovas Presidente de la Asociación Protégeles."Síndrome de la puerta cerrada"Dr. José Miguel Gaona Psiquiatra, Escritor y Director de la revista "Educar bien".

El acto comienza a las 15:00 horas y es abierto para todo tipo de público incluyendo, como es lógico, a los no profesionales. Es una buena oportunidad para conocer más sobre este tipo de patología y acercarse cara a cara a multitud de profesionales que son expertos en la materia.

Espero veros a muchos de vosotros ese día.

Saludos,

José Miguel Gaona

miércoles, 17 de enero de 2007

SER UN "SIMPLE" PADRE

Ser simplemente "padre" parece ser algo que no está especialmente de moda en los últimos años. Las razones son múltiples y entre ellas podríamos destacar la intensa presión de algunos sectores de la sociedad para minusvalorar la imagen del varón. El perfil del antiguamente denominado "sexo fuerte" se ha asociado a todo tipo de conductas negativas en relación a actitudes laborales, reacciones machistas y, en los últimos tiempos como el único y absoluto responsable de la llamada "violencia de género".

En cierta comunidad autónoma he llegado a ver un anuncio televisivo en el que un niño, varón por supuesto, agredía a una niña en un patio escolar para, inmediatamente, asociar dicha acción a la violencia de género y emitir un sensacionalista mensaje: "evita, desde niño que se convierta en un maltratador". No dudo de las buenas intenciones de los creativos de dicho "spot" televisivo pero no es precisamente un enfrentamiento de sexos de lo que más necesitados estamos sino de armonía y de respeto que, después de todo, es lo que cada ser humano alberga en lo más íntimo de sí mismo.

martes, 2 de enero de 2007

EDUCACION BASICA: "EL DERECHO A LA VIDA"

Es Navidad y viajo con mis hijos fuera de la ciudad a pasar unos días en la intimidad de la familia. Aprovechamos para sustraernos de aquellas situaciones que nos roban tanto tiempo y dedicarlos a compartir situaciones juntos. En el fondo de la cuestión nos divierte romper con la rutina y apartarnos del mundo. Prácticamente se nos escapa una semana dando paseos, preparando improvisadas comidas y cenas, jugando a lo indecible y acostándonos a horas que prefiero no reproducir para que no quede constancia de ello.

En el coche, ya de vuelta, escuchamos en la radio que cierto dictador va a ser ejecutado por sus crímenes. Mi hijo pequeño, de ocho años, se siente confundido ante la noticia de quitar la vida a una persona como castigo, justamente, por haberla quitado a otras personas. No puedo, por menos, que estar de acuerdo con él sin entrar en complejas explicaciones del porqué no todo el mundo piensa igual que nosotros y que, incluso, algunas otras personas lo celebran.

No ha transcurrido ni un par de horas al volante cuando, entrando en la ciudad, divisamos una columna de humo negro a nuestra derecha: una bomba ha hecho explosión en el aeropuerto. Al parecer puede haber alguna persona que haya perdido la vida. Nuevamente me resulta penoso poder explicarle cuales son las razones para que a otros seres humanos quiten la vida, esta vez aleatoriamente, a otros que, seguramente, ni siquiera tienen vínculo alguno con sus asesinos. Mi hijo mayor, comenta en voz alta que nadie tiene derecho a quitarle la vida a otro ser humano incluso en el caso extremo que este primero no haya respetado dicho principio reflejado en prácticamente en casi todas culturas avanzadas del mundo.

Asiento con la cabeza, prosigo en silencio y conduciendo. Después de todo, me parece que no hay mejor educación que la se siente muy dentro de sí mismo, la que va más allá de las calificaciones de este trimestre pasado. Probablemente les acompañará toda la vida.

martes, 19 de diciembre de 2006

EL ARTE DE EDUCAR

Debo confesar que cada vez que tengo en mis manos un libro de Javier Urra siento una dulce sensación de felicidad. El motivo es simple: su actitud vital mientras vuelca sus pensamientos es sumamente positiva. En un mundo donde los medios de comunicación padecen de una especial predilección por las tragedias y lo sensacionalista tenemos a este autor que sabe rescatar lo mejor de todos nosotros.

El mismo sugiere en el prologo de su nuevo libro 'El arte de educar' una frase que, perfectamente podría traducir el motor que le alimenta 'Te invito a un dialogo entre la escritura y el silencio, a percibir el temblor de la palabra que se refugia en la ingravidez sonada de la infancia'.

Es una obra que, prácticamente se puede abrir por cualquier pagina. Rebosante de pensamientos y aforismos resulta una acuarela que invita a la reflexión. Sin embargo, la obra esta perfectamente estructurada en diversos apartados tan sugestivos como interesantes: 'educar no es una ciencia, es un arte' o 'intentamos ser creadores de nosotros mismos'.

Abrir una pagina, leer y reflexionar se convierten en todo un ejercicio diario.

Alguien que es capaz de decir que 'lo más íntimo que tengo es mi pensamiento' y luego lo vuelca sobre un papel en blanco merece todos mis respetos.

Sin lugar a dudas es una obra para leer en familia.

viernes, 8 de diciembre de 2006

YO DENUNCIO, TU DENUNCIAS, NOSOTROS DENUNCIAMOS...

Voy camino de tomar un avión y en uno de los pasillos del metro aparece una gran fotografía de un niño que presenta heridas en su rostro. En el texto que acompaña a tan impactante anuncio se invita a denunciar los malos tratos, esta vez hacia los menores: "¿A que duele? Si te duele, ¡denúncialo!". La pregunta que me asalta es ¿quién debe de materializar dicha denuncia? Si resulta que son los padres los agresores también es evidente que ellos no se van a denunciar a sí mismos. Si es uno de los conyugues el que agredió al hijo podría ser especialmente doloroso, por ejemplo, ver al padre (ya que en el caso de los hijos suele ser la madre, estadísticamente hablando, quien realiza la agresión con mayor frecuencia) acudir a comisaría a poner la oportuna denuncia en contra de su compañera y, a la vez, madre del agredido.

Es cierto que la campaña fomenta la protección del menor a través de los resortes legales pertinentes, sin embargo, visualizo una sociedad que intenta arreglar todas sus taras a través de mecanismos jurídicos: "malos tratos de género" mediante leyes muy discutidas por su inoperancia. "Delincuencia juvenil" en el que un amplio sector de la población pide penas más duras y ahora otra incitación a la denuncia, una vez más dentro de la propia familia.

Obviamente, debemos contener la violencia en general y en particular, dentro de la propia familia. Pero, ¿alguien ha pensado en la actuación de figuras tan importantes en otros países como los mediadores cuya intervención puede ser vital en apagar la violencia dentro del hogar? O bien de unidades de intervención de psicólogos, terapeutas, pedagogos que evitasen algo tan delicado como generar un embrollo legal en el seno familiar. La denuncia debería ser el último resorte a emplear y siempre después de haber agotado todos los recursos propios de un entorno terapéutico. En caso contrario puede ser peor, ocasionalmente, el remedio que la enfermedad.

lunes, 27 de noviembre de 2006

ASERTIVIDAD CASERA

Como padres podemos enseñar a nuestros hijos a ser asertivos. Pero, ¿qué es ser asertivo? Es la expresión de sentimientos, necesidades y derechos sin tener que amenazar a los demás.
Asimismo, es un comportamiento que podemos enseñar a nuestros hijos. Principalmente en relación a los límites y a circunstancias vitales.

Para transmitírselo a nuestros hijos debemos ser consecuentes con lo que se quiere decir. Sin vacilaciones pero con la flexibilidad necesaria como para escuchar a nuestro hijo y, si es el caso, corregir nuestra opinión. Sin embargo hay decisiones que no se deben de negociar. Si es “no” hay que llevarlo adelante hasta las últimas consecuencias. Si nuestro hijo no lo respeta deben darse una serie de resultados que le hagan reflexionar sobre su conducta. Explicándole, en todo momento, la razón de dicho castigo.

El contacto visual es esencial. Debemos mirar para ser correspondidos y que emane una sensación de sinceridad. Las explicaciones deben ser sencillas y de acuerdo a la edad correspondiente. Durante las mismas o si se tiene la necesidad de regañarle nunca humillarle ni menospreciarle o su autoestima se verá menoscabada.

En caso de estar en desacuerdo con nuestra pareja por algún motivo en relación con nuestro hijo, rectificar en privado. El niño debe saber apreciar que los “noes” o “sies” son compartidos por nuestra pareja.

Una última reflexión: ¿Somos suficientemente buenos modelos para nuestros hijos? ¿Nos tendrían que regañar ellos a nosotros alguna vez? A través de la asertividad les estamos enseñando a saber elegir y sentirse mucho más libres.

martes, 21 de noviembre de 2006

SOCIEDAD, EDUCACION Y NEUROSIS

Hace pocas semanas unas compañeras empujaron a otra por unas escaleras. ¿Resultado?: una pierna rota. Me entero de la noticia leyendo la portada de un periódico de tirada nacional. Días antes, observo en los principales telediarios como un padre convoca una rueda de prensa porque a su hijo le han pegado con una regla o estuche para lápices mientras otros compañeros lo grababan con una cámara de video propiedad de la escuela que, al parecer, el padre arrebató, a su vez, al niño aficionado al séptimo arte. Un tanto agobiado con tanta noticia poco esperanzadora decido darme un paseo mientras voy a buscar a mi hijo a la parada del autobús escolar. Un viandante porta uno de esos periódicos de distribución gratuita en los que con grandes letras de molde, similares a los que se imprimieron el día de la llegada del hombre a la luna, el titular afirma sin pudor alguno: “Las fuerzas policiales colaborarán contra el acoso escolar”.

Recuerdo, cuando era niño, que nos empujábamos por las escaleras, hecho que dio lugar a más de un descalabro con férulas de yeso incluidas. En otra ocasión, un compañero casi perdió la visión de un ojo por una pequeña flecha de papel certeramente disparada con una goma elástica. Podría contar tantas anécdotas que, seguramente, agotaría el contenido de este "blog". Sin embargo, ninguno de nosotros constituíamos portada de periódico ni de telediarios. Afortunadamente, no disponíamos de móviles ni de otros ingenios tecnológicos como para grabar e inmortalizar estos suculentos momentos. Nos defendíamos sin abogados ni ruedas de prensa. En el mejor de los casos nuestros padres hablaban al profesor jefe y éste, a su vez, amonestaba y castigaba al niño. Pobre de aquel que desafiase al profesor Gutiérrez. El respeto que nos inspiraba se asemejaba a un personaje propio de de la mitología griega. Incluso, nuestros padres se dirigían a él con cierta actitud tímida y amedrentada. El era la “autoridad”. No recuerdo que aplicase castigos físicos pero su mirada, literalmente fulminaba, hasta el punto de sentir una fuerte arritmia cardiaca en caso de ser blanco de la misma. Paradójicamente, su recuerdo no me inspira miedo si no una grata sensación de saber como he llegado a ser quien soy.

Nuestra sociedad neurótica y desorientada se amilana ante figuras cargadas de autoridad que sepan transmitir valores y que, asimismo, muestren comportamientos a seguir. Pone el grito en el cielo cuando un profesor le arrebata una cajetilla de cigarrillos a un niño. Sin embargo, no muestra recato alguno ante la posibilidad que la policía tuviese que detener a un colegial. Seguro que el “profe” Gutiérrez lo arreglaba en un santiamén. Educando al de los cigarrillos, al de la cámara y a alguno de sus padres.

martes, 14 de noviembre de 2006

MUNDOS VIRTUALES, PALIZAS REALES

Ayer mismo estaba revisando el borrador de un libro que mi editorial va a publicar sobre los mecanismos de placer y las endorfinas para primeros de este año que se avecina. Uno de los capítulos trata sobre la interpretación de los sentidos por parte del cerebro. Después de todo, no podemos olvidar que nuestro cerebro se encuentra atrapado en una caja de calcio llamado cráneo y que se alimenta de información a través de los cinco sentidos, o como decía cierto sospechoso comandante, conocido de mi familia, perteneciente a una importante línea aérea nacional: “yo siempre vuelo con mis cuatro sentidos”. Nunca pude evitar mirarle con cierta desconfianza, especialmente cuando a mirada traidora observaba quien pilotaba el avión mientras abordaba un avión de dicha compañía.

Pero volvamos al tema: en relación a los disturbios de París el Ministro del Interior aseguró que muchos jóvenes habían pasado de la destrucción en los videojuegos, mundo virtual, al real quemando automóviles en las calles.

Sin entrar en terrenos movedizos relacionados con las demandas de los estudiantes y de los inmigrantes si que me hizo reflexionar su comentario. ¿Será cierto que primero se practica la violencia en una pantalla y se libran luchas callejeras virtuales y, luego, se desea materializarlas en la vida real?

Cuando éramos pequeños (y tampoco hace tanto tiempo de ello) nuestros héroes eran siempre los buenos de las películas. La bondad de estos personajes era tan marcada que, hasta cuando el malo estaba a punto de caer por un precipicio, el “bueno” extendía su mano para poder salvarle en un gesto desesperado. La muerte del villano, si acaso, era tan solo accidental escurriéndose por el talud para congoja de quien, hasta hacía un momento, había estado a punto de sucumbir en sus manos.

Después de revisar el borrador del libro entré en un foro de jóvenes donde intercambian trucos y opiniones sobre videojuegos. Una de las jugadas más solicitados era el como otorgar más vidas y poder a uno de los protagonistas de un conocido videojuego que tiene el papel de proxeneta y asesino profesional. Huelga decir que la representación videográfica es excelente plena de detalles, luces y texturas realistas hasta el punto de confundirse con una especie de reportaje.

Ello me lleva a entender como uno de mis hijos, ante ciertas imágenes reales de la televisión, pregunta con preocupante insistencia: “Papá, ¿eso es verdad?" Aún cuando tiene la imagen delante de sus narices.

¿Qué circuitos neuronales se abonan cuando un joven pasa horas y horas dañando y sometiendo a otros seres humanos?. ¿Dónde está el juego? O, peor aún, ¿Qué es lo que aprende o practica?.

Parece que están faltando algunas claves de educación para saber con que se puede jugar y cuales son asuntos muy serios en los que personas reales pueden sufrir y, en los que apretar el botón del “joystick” deja de ser un juego detrás de una pantalla. Si, además, algunos de nuestros hijos comienzan a tener dudas sobre lo que ven y juegan sin distinguir perfectamente lo que es real de lo que no lo es. Entonces, no será extraño que, en la vida real, mezclen ambos mundos, o peor, aún jueguen a cosas que, incluso en el virtual, no eran nada divertidas.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

EL PENSAMIENTO REALISTA PICA...PUES HABRA QUE RASCARSE.

Hace pocas semanas escribí unas cuantas líneas en este blog, basadas en una experiencia real ocurrida en esos días, tituladas “Mamá, vendo cosas que matan”. La frase, mezcla de elementos un tanto “naive” y muy duras por otro, reflejaba lo que un hijo adolescente había contado a su madre en la cocina de una suntuosa casa de uno de los mejores barrios de nuestra ciudad. Acto seguido, el chico abandonó la estancia sin proseguir el diálogo. No había sido, realmente, una conversación si no una advertencia: dijo aquello que le quemaba en su interior y se fue. Una pura llamada de atención no correspondida.

Ayer mismo vi personalmente a la madre del chico. Esta vez se encontraba destrozada porque, además de lo anteriormente relatado, otro de sus hijos, también menor de edad, había dejado embarazada a una chica que apenas alcanzaba los dieciséis años. Asimismo, este fin de semana pasado el precoz traficante de drogas había pasado sus primeras cuarenta y ocho horas en un calabozo de la policía. Un par de horas después de estas noticias me encontraba en una emisora de alcance nacional hablando sobre el “pensamiento realista”, uno de los componentes de la inteligencia emocional. Dicho así, suena a algo extraño a nuestra vida cotidiana. Quizás relacionado con las teorías de algún lejano filósofo o escritor de moda extranjero. Pues bien, este concepto es mucho más cercano a nuestra cotidianeidad de lo que suponemos.

El pensamiento realista hubiera empujado a la familia, hace un mes (o mucho antes) a tener una “asamblea” de emergencia cuando uno de ellos expresó que vendía drogas con objeto de poder analizar las causas y poner coto de manera inmediata a dicha conducta. Paradójicamente, nadie hizo nada excepto unas cuantas conversaciones banales cargadas de superficial preocupación pero de vacuos resultados. El miedo a que fuese verdad paralizó a la familia a la hora de tomar decisiones pero no respecto a otras actividades: el padre siguió haciendo vida normal como si nada hubiese sucedido: viajes de fin de semana, salidas nocturnas, cenas de negocios, etc. La madre comentó el caso con sus mejores amigas y con el que escribe estas líneas. Nada, no se tomaron medidas algunas. El temor a la verdad impidió ejecutar, justamente el “pensamiento realista”: “tenemos a un hijo con un problema muy grave y hay que actuar de inmediato, es nuestra máxima prioridad”.

Analizado, ahora, con la perspectiva del tiempo, irónicamente el único con pensamiento realista fue el adolescente quien avisó, claramente, de lo que sucedía. Fue una llamada de socorro: “Por favor, que alguien me haga caso, me estoy metiendo en un lío”.

El “pensamiento realista” resulta incómodo en ciertas ocasiones pero sumamente práctico. Eso sí, los padres pagaron a los mejores abogados.

lunes, 30 de octubre de 2006

CRUCIFIJOS Y VELOS

Es evidente, dado el curso de los acontecimientos, que lo que parecía un tema ciertamente lejano: problemas con llevar o no velo islámico es un hecho cada día más cercano en nuestro país. De hecho, ya se han producido varios “encontronazos” culturales respecto a este tema. Sin embargo, algo que parecía aún más lejano también asoma las orejas por detrás de la puerta después de hacerse efectiva la sentencia, en Inglaterra, a una azafata que portaba un crucifijo. Ya han existido en estos años pasados la llamada “guerra de los crucifijos”, donde asociaciones laicas de padres demandaban la retirada de los mismos en aquellas aulas donde reposaban desde hacía ya muchas décadas e, incluso, algún siglo que otro. Pero, hasta ahora, poco se había hecho en contra de aquellos que portaban símbolos religiosos de manera personal.

No voy a entrar en lo que, particularmente, me parece “mejor” dado que eso, creo, se desprende del mal llamado “sentido común”: “o están todos los símbolos o no está ninguno”. Puestos a ponerlos, tampoco pasaría nada por colgarlos todos. Lo curioso del caso es que si, este emplazamiento de crucifijos, medias lunas y estrellas de David entre otros, ¡Dios me libre de olvidarme de alguno!, se acompañase se una enseñanza proporcional de cada una de las creencias que, aparentemente, se encuentra en juego. La sorpresa sería mayúscula: todas ellas tienen muchos más puntos en común que diferencias.

Hace algunos años un sobrino de la conocida diputa Dolores Ibárruri, conocida como “La Pasionaria”, imagino que nada sospechoso de impregnación religiosa comentó en una entrevista: “Con tan sólo respetar los diez mandamientos no haría falta el Código Penal”. ¡Caray! Que razón tenía, los extremos parecen tocarse...o, a lo mejor, es solo una cuestión de sentido común y buena voluntad de la que tenemos que alimentar a los pequeños que van a ser nuestros futuros ciudadanos.

¿Qué opináis sobre este tema que nos está afectando cada día más?. No dudéis en dejar vuestros comentarios.

Saludos,

José Miguel Gaona
Director “Educar Bien”

miércoles, 25 de octubre de 2006

DE JUGAR CON MUÑECAS A CAMBIAR PAÑALES

Una de las cuestiones candentes que se han planteado en los foros en las últimas horas, es el de una lectora que ha tenido conocimiento que su hija de 12 años ha tenido ya su primera relación sexual. Esta lectora que ha preferido mostrar su duda anónimamente se encuentra lógicamente preocupada ya que esperaba que esta experiencia fuese más tardía, como ella misma dice: "más adelante o, por lo menos, un par de años más". En el estado actual de la cuestión lo que le preocupa ahora es que esta conducta no se repita en el tiempo y, por supuesto, que no derive en un embarazo. Asimismo no quiere proporcionarle "una falsa visión sana del sexo o un mal uso del mismo".

El tema es de suma actualidad y, parcialmente, su trato es casi considerado "tabú" por la sociedad española. Sin embargo, es una realidad en la que muchos adolescentes y otros, casi niños, se están iniciando a unas edades sumamente tempranas.

Algunos podrían sentirse confusos al leer estas líneas, al igual que ciertos padres, que podrían errar creyendo que estamos hablando de conceptos meramente "morales". Si tal actitud es meramente "buena" o "mala". Por el contrario el criterio a establecer (y esto puede despejar las dudas a muchos de los lectores de este "blog") va a estar mediado, fundamentalmente, por el momento psico-evolutivo de la persona que se inicia en dichas relaciones.

Cuando se habla de este tema, tan serio por sus consecuencias fáciles de adivinar, entre ellas el embarazo de niñas y adolescentes, algunos arguyen con cierta sorna que "en otros países" los niños se inician en el sexo a edades muy tempranas. Lo que olvidan al realizar este comentario es que este hecho suele ser efectivo en zonas del planeta en los que el analfabetismo, así como una reducida expectativa de vida eran y son, desgraciadamente, la norma común. Cosa que no parece ser el ideal a seguir en nuestra sociedad.

Dejando de lado el espinoso tema del embarazo (vidas destrozadas, sueños rotos, "padres" adolescentes, etc.) no es menos cierto que la comunicación con nuestros hijos debe establecerse a todos los niveles. Estos crecen muy rápido y, en ciertos momentos, descuidamos los canales de diálogo lo que se traduce en que, literalmente, no sabemos lo que está pasando en sus vidas.

Paradójicamente, en todas las encuestas, los niños y adolescentes expresan que desean a sus padres como la principal fuente de información y apoyo, incluyendo lógicamente, las referidas a la sexualidad. Otra historia es que simulen, en muchas ocasiones, hacer "oídos sordos". Sin embargo, el bagaje cultural de la familia va "calando" en sus conductas y, posteriormente, será utilizado como referente en sus vidas.

Si estos canales de comunicación existiesen desde la infancia se podrían reducir, al menos, la presencia de sorpresas como la que le ha sucedido a esta lectora o a cualquiera de nosotros. Deberíamos, consecuentemente, intentar anticiparnos a los acontecimientos.

Quizás esa idea, expresada por esta preocupada madre, de haber deseado que su hija hubiera esperado "un par de años más" (¿con catorce?) ha sido inconscientemente transmitida en alguna conversación sin haber sido apoyada, paralelamente, de razones que sustenten el necesario retraso que debe existir entre la aparición del instinto y su posterior consumación. Igual de importante, o más, es el contenido de la información que proporcionamos a nuestros hijos.

En nuestro país las primeras relaciones sexuales se sitúan en torno a los 17 años. Pero este dato no deja de ser una simple estadística y no una norma de comportamiento, ni siquiera una referencia de conducta para que los padres la "implanten" en sus hijos. De hecho, algunas personas no se encontrarán emocionalmente preparadas hasta algunos años después. Dudo que esta regla de proporcionalidad sea lineal para edades inferiores.

Se habla mucho de la educación sexual. Curiosamente, cuando esta se consigue se convierte, muchas veces, en una especie de manual de instrucciones como los que incluyen los muebles de IKEA. Nada de ello puede reemplazar a las conversaciones íntimas con nuestros hijos en las que podemos transmitir que la sexualidad es mucho más que la mera relación sexual. Empaparles en la idea de que existe un recorrido que, además, no deben perderse porque, en muchas ocasiones, es mejor que el propio destino. En el caso de los varones, dejarles claro que las responsabilidad es compartida, subrayando valores de responsabilidad y de consecuencias prácticas.

En fin, no solo hablar si no comunicarse, pero desde el principio, sin esperar a que sobrevenga alguna "gran crisis" o, por lo menos, si llega, estar sólidamente asentados. Antes de educar a nuestros hijos educarnos nosotros mismos. Reconozco, modestamente, que yo sigo haciéndolo todos los días.

El debate está abierto...


José Miguel Gaona
Director "Educar Bien"

sábado, 21 de octubre de 2006

LA AUTOESTIMA Y NUESTROS PADRES

Muchas personas hablan de la "Autoestima" sin saber muy bien que es. Lo cierto es que es algo que no te enseñan con claridad ni en la Universidad ni tampoco mientras haces la especialidad. Para algunos significa algo parecido al "cariño hacia uno mismo". Pero expresado de esta manera no parece otra cosa que una especie de sentimiento narcisista y egocéntrico.

La autoestima se nutre del aprecio que tenemos a otra esfera que podríamos definir como "autoconcepto". ¡Ahora si que la he liado!. Parece el mismo perro con otro collar. Pero, sigamos explicando: el "autoconcepto" no es otra cosa que una especie de "cofre", parecido al que aparece en las películas de piratas llenas de joyas, collares de perlas y diamantes pero, en este caso, repleto de nuestras cualidades: la empatía que sabemos expresar, sentimientos y otras que pudieran parecer más banales pero no por ello, menos importantes: ser puntuales, conocer idiomas, hábiles en algún deporte, etc.

En otras palabras: la autoestima es el "cariño", el "aprecio" que le tenemos al "autoconcepto". Sí, al "cofrecito" en cuestión.

Inmediatamente, sobreviene otra pregunta: ¿Cómo comienza el desarrollo embrionario de ese cariño y aprecio?: en la infancia. Cuando nuestros padres nos hacen sentir queridos y apreciados es, justamente entonces, cuando comenzamos a darle valor a nuestro ser más íntimo, a nuestro "yo".

En la vida profesional diaria, al conocer a una persona en la que percibimos una baja autoestima siempre se me viene a la cabeza una sola pregunta: "¿te sentías querido/a por tus padres?". Los ojos se humedecen, bajan la cabeza y contestan: "No mucho". La percepción ya sea subjetiva o real es tremendamente destructora para todos los que la padecen.

En la infancia hagamos que nuestros hijos se sientan queridos. No nos dé ninguna vergüenza de expresar nuestros sentimientos y explicarles el motivo por el cual les estamos felicitando. Estaremos construyendo unas fuertes bases para su autoestima:”Si ni mis padres me quisieron, es que no valgo". Por el contrario: "Siempre me sentí querido y...apreciado".

José Miguel Gaona
Director "Educar Bien"


PD: Visite los "Foros" y vuelque allí sus dudas y cuestiones. Nuestro grupo de especialistas lo visita a diario y contesta a la cuestiones más relevantes.

jueves, 19 de octubre de 2006

EMPATIA Y TOLERANCIA

Hace un par de días me encontraba en un programa de radio de una conocida emisora nacional hablando de lo que comunmente se ha denominado "inteligencia emocional". La presentadora, creo que con fingida sorpresa, con objeto de que yo, el entrevistado, tuviese que contestar a cuestiones que ella misma sabía pero que el público, probablemente, no conocía. Dijo no entender que relación podría existir entre la "empatía" y la "tolerancia". A primera vista parece que hubiese que forzar ambos conceptos para encontrar puntos de coincidencia. Sin embargo, no es así.

En primer lugar, la "empatía" ha sido clásicamente definida como "ponerse en el lugar" del otro. Aunque parezca mentira, eso se aprende desde pequeños, no siendo, para nada, una cualidad innata. Se podría llamar también "resonancia afectiva". Si el otro sufre, nosotros nos ponemos en su lugar. Si el otro llora, se nos humedecen los ojos. Si la alegría se desborda (recuerdan esas escenas del pueblo donde ha tocado el "gordo" de Navidad y todos están contentos, incluso muchos a lo que nos les ha tocado ni un céntimo?) los demás también somos contagiados del mismo sentir.

Esa comprensión de lo ajeno es lo que, en definitiva, nos hace tolerantes ya que comprendemos las distintas cualidades de aquellos que nos rodean. Comprendemos el sufrimiento del inmigrante que se ha jugado la vida en el pequeño bote o bien de aquel que no pertenece a nuestro círculo y que tiene distinta ideología del tipo que fuere. ¿Cuántas veces nos hemos llevado sorpresas al llegar a conocer a alguien que, aparentemente, era tan distinto?. Todos, absolutamente todos tenemos, en mayor o menor medida los mismo ingredientes, deseos y temores. Son muchas más cosas las que nos unen que las que nos separan. El arte consiste en hacer ver a nuestros hijos, en enseñárselo, que las similitudes son lo más común entre los seres humanos.

En esta época de odios y separaciones, tan solo rascando en el corazón de nuestro ser más cercano podremos dar una buena lección de empatía, algo que no se aprende en la calle, y de su prima hermana, la tolerancia, a aquellos que, silenciosamnete, nos vigilan y aprenden: nuestros propios hijos.

martes, 17 de octubre de 2006

MAMA, VENDO COSAS QUE MATAN

Mamá, vendo cosas que matan a los niños”. En estos términos tan descarnados se expresaba este adolescente, precoz traficante y consumidor drogas, de tan sólo dieciséis años a su madre, esposa de un conocido industrial madrileño. Resulta llamativo mencionar que el chico no tiene una necesidad imperiosa de dinero dada la posición económica de sus padres ni su familia, aparentemente, padece algún desajuste que explique esta conducta.

Pocos días más tarde me encontraba sumido en una interesante conversación con altos funcionarios de una entidad dedicada a la prevención del consumo de drogas. En este tipo de reuniones, resulta natural sacar sobre el tapete ciertos temas. Uno de mis favoritos es, como no, el de la prevención del consumo de drogas. Muchos expertos nos hacemos la siguiente pregunta: después de tantos años y millones de euros gastados, ¿Cómo es posible que ahora existan muchos más consumidores que antaño?. Si casi todos conocemos los peligros de las drogas ¿porqué las consumimos?. En ese momento, como sincronizados por un extraño mecanismo de relojería, los tres contertulios comenzamos a quitarnos la palabra para, atropelladamente, dar nuestra personal explicación respecto a dicho empeoramiento de la situación. Este escenario no hubiese tenido nada digno de comentar excepto en que, sorprendentemente, todos estábamos de acuerdo sobre los componentes del caldo de cultivo.

Resultaba llamativo que prácticamente ninguno de nosotros acusara a algún entorno determinado del problema de drogas que nos rodea sino a una actitud general que parece habernos invadido. Quizás sea la cultura del placer inmediato de no saberse refrenar. El “sacrificio” en aras de alcanzar objetivos mayores no es un valor apreciado.

Pocas horas antes de escribir estas líneas he pasado cerca de un colegio y, en la esquina, unos 8 o 10 chicas y chicos enrollaban al borde la acera el siguiente porro. Sería fácil ensañarse con ellos y censurar ciegamente lo que estaban haciendo pero ¿tendrían algo mejor que hacer?. La respuesta obviamente es “si” pero, ¿alguien se lo ha mostrado?. No estoy tan seguro.

domingo, 8 de octubre de 2006

NO ES ACOSO TODO LO QUE RELUCE

Jokin era un adolescente de 14 años que se arrojó desde la muralla de su ciudad Hondarribia un martes 21 de septiembre después de sufrir el acoso continuado de un grupo de compañeros de clase. En la misma autopsia se pudieron comprobar la existencia de lesiones previas a su muerte. Días más tarde algunos condiscípulos, que no "compañeros", de Jokin fueron expulsados temporalmente del instituto.

Muchos estudiantes antes y después de Jokin han sufrido un acoso en forma de "matonismo" que algunos conocen como "bullying". El o los agresores actúan de manera deliberada con la exclusiva intención de herir o provocar malestar psíquico. Las víctimas sufren de manera permanente provocando daños irreparables en su identidad, especialmente frágil en esta etapa de la vida. Para empeorar aún más las cosas, el silencio de los demás compañeros actúa como un pesado muro de silencio en torno a su víctima.

Podría parecer que sobre todo los padres de las víctimas deberían preocuparse de este fenómeno. Sin embargo, también los progenitores de los acosadores podrían estarlo ya que algunos de estos niños completarán, en su etapa adulta, una personalidad con rasgos violentos y potenciales actitudes de malos tratos tanto con sus parejas como con sus hijos. Esta conducta, exenta de reglas de podría aumentar, además, el riesgo de padecer problemas con la justicia en los más diversos niveles. Su percepción de la realidad es confusa hasta el punto que muchos de ellos, paradójicamente, se sienten "provocados" (70,5 %) y por ello reaccionan violentamente. En otras facetas de su personalidad destacan la atracción por las actividades de riesgo (59%) y sus preferencias por las películas y los juegos violentos (41%).

Sin embargo el que uno de cada cuatro niños sufran acoso escolar, según una reciente encuesta, revela que las relaciones entre los niños, como era de esperar, se encuentran mediadas por ciertas dosis de violencia que son propias de todos los seres humanos. Podría ser inmensamente preocupante pensar que un 25 % de los niños españoles son “víctimas” diarias de “malos tratos” y que, finalmente, padecerán profundas perturbaciones psíquicas. Si, además, según dicho informe la mayoría de los “acosadores” son varones y sus “víctimas” mujeres nos trae a la memoria otra realidad cercana en la que, irresponsablemente, se criminaliza de manera continuada a uno de los sexos. Tan malo es ignorar el problema como acusar a uno de cada cuatro niños de ser, poco menos que un “maltratador” y, sugerir, intervención profesional para la que no habría, dadas las supuestas dimensiones del problema, suficientes psicólogos y terapeutas en nuestro país.

Prudencia, pues, ante estudios de contenidos llamativos y alarmistas y sigamos educando sin apuntar con el dedo a niños que, muy probablemente aprenderán a controlar esa violencia innata en los seres humanos y que comparten, por supuesto, ambos sexos.

EL FINAL DE LAS VACACIONES

Finalizan las vacaciones y todo vuelve a su ritmo normal. Mientras escribo estas líneas recuerdo con nostalgia pero no menos nerviosismo la desazón que me causaba volver al colegio. Lo curioso del caso es que ese nudo en el estomago desaparecía nada mas comenzada la primera hora escolar. Eran numerosos los comentarios, experiencias y anécdotas que compartíamos con los compañeros. Tantas que, al final del día, quedaban otras numerosas para el día siguiente.

Sin embargo, ahora que soy padre añado otra preocupación: ¿Qué va a pasar este nuevo año con los hijos?, ¿Qué nuevos desafíos nos va a deparar este curso?...y una obsesión: ¿voy a poder dedicar suficiente tiempo a mis hijos?. No solo eso, sino que también debemos de forzar nuestros horarios para sincronizarlos con nuestros hijos. En definitiva, nosotros también vamos al colegio. Nos levantamos a horas que no siempre coinciden con las de ellos y terminamos, en ocasiones, nuestro trabajo para recogerlos en el colegio o en la parada del autobús cargados de un terrible sentimiento de culpa por casi no haber llegado a tiempo.

También resulta evidente que la vuelta al colegio no supone lo mismo para un niño que haya tenido problemas en el mismo que para otro que disfruta aprendiendo y socializándose con sus compañeros.

Por extraño que parezca, todavía son muchos los padres que creen que la obligación de educar recae casi exclusivamente en los profesores, que “para eso les pago”, mientras que en casa tan solo hay que inculcar unas reglas básicas de urbanidad, normalmente relacionadas con la comida o la vestimenta, pero nada más.

La desconexión entre padres y profesorado suele ser la norma general. Un buen consejo es acudir a la primera reunión de padres y, al menos, conocer a los profesores de nuestros hijos. No esperemos a tener problemas para contactar con ellos. Enterarse del plan escolar a seguir y, a ser posible, encontrarnos con ellos cada 2 o 3 meses para valorar su evolución. Apoyar moralmente a los profesores desde casa es otra de las tareas pendientes. Nuestros hijos no les respetaran si, nosotros mismos, nos dedicamos a desprestigiarlos bajo el techo de nuestro hogar. Una manera muy activa de acometer esta tarea es la de ayudarles en las labores de casa e interesarse por lo que hacen.

Mas que el propio rendimiento académico debemos de centrarnos en la transmisión de valores por la cultura, especialmente la lectura. A mis hijos suelo decirles: “No quiero que aprendas ‘cosas’ sino que aprendas a pensar”. Esta idea requiere tiempo en desarrollarse, diría que toda una vida ya que puede desgastar a muchos padres desbordados, además, por las obligaciones diarias. Requiere tiempo y, sobre todo, muchísima paciencia, especialmente cuando nuestros hijos muestran desinterés por algo que, probablemente, no sabrán apreciar, excepto a largo plazo.

No olvidemos, pues, la primera regla de esta vuelta de las vacaciones: ir la escuela es algo positivo, útil y agradable para el niño. Es el lugar donde conocerá a otros niños y se divertirá aprendiendo. Sin casi darnos cuenta sé ira formando como persona y heredando nuestros valores. Educar no es otra cosa que ayudarle a separarse de nosotros, en la mejor de las condiciones, claro está.