Una de las cuestiones candentes que se han planteado en los foros en las últimas horas, es el de una lectora que ha tenido conocimiento que su hija de 12 años ha tenido ya su primera relación sexual. Esta lectora que ha preferido mostrar su duda anónimamente se encuentra lógicamente preocupada ya que esperaba que esta experiencia fuese más tardía, como ella misma dice: "más adelante o, por lo menos, un par de años más". En el estado actual de la cuestión lo que le preocupa ahora es que esta conducta no se repita en el tiempo y, por supuesto, que no derive en un embarazo. Asimismo no quiere proporcionarle "una falsa visión sana del sexo o un mal uso del mismo".
El tema es de suma actualidad y, parcialmente, su trato es casi considerado "tabú" por la sociedad española. Sin embargo, es una realidad en la que muchos adolescentes y otros, casi niños, se están iniciando a unas edades sumamente tempranas.
Algunos podrían sentirse confusos al leer estas líneas, al igual que ciertos padres, que podrían errar creyendo que estamos hablando de conceptos meramente "morales". Si tal actitud es meramente "buena" o "mala". Por el contrario el criterio a establecer (y esto puede despejar las dudas a muchos de los lectores de este "blog") va a estar mediado, fundamentalmente, por el momento psico-evolutivo de la persona que se inicia en dichas relaciones.
Cuando se habla de este tema, tan serio por sus consecuencias fáciles de adivinar, entre ellas el embarazo de niñas y adolescentes, algunos arguyen con cierta sorna que "en otros países" los niños se inician en el sexo a edades muy tempranas. Lo que olvidan al realizar este comentario es que este hecho suele ser efectivo en zonas del planeta en los que el analfabetismo, así como una reducida expectativa de vida eran y son, desgraciadamente, la norma común. Cosa que no parece ser el ideal a seguir en nuestra sociedad.
Dejando de lado el espinoso tema del embarazo (vidas destrozadas, sueños rotos, "padres" adolescentes, etc.) no es menos cierto que la comunicación con nuestros hijos debe establecerse a todos los niveles. Estos crecen muy rápido y, en ciertos momentos, descuidamos los canales de diálogo lo que se traduce en que, literalmente, no sabemos lo que está pasando en sus vidas.
Paradójicamente, en todas las encuestas, los niños y adolescentes expresan que desean a sus padres como la principal fuente de información y apoyo, incluyendo lógicamente, las referidas a la sexualidad. Otra historia es que simulen, en muchas ocasiones, hacer "oídos sordos". Sin embargo, el bagaje cultural de la familia va "calando" en sus conductas y, posteriormente, será utilizado como referente en sus vidas.
Si estos canales de comunicación existiesen desde la infancia se podrían reducir, al menos, la presencia de sorpresas como la que le ha sucedido a esta lectora o a cualquiera de nosotros. Deberíamos, consecuentemente, intentar anticiparnos a los acontecimientos.
Quizás esa idea, expresada por esta preocupada madre, de haber deseado que su hija hubiera esperado "un par de años más" (¿con catorce?) ha sido inconscientemente transmitida en alguna conversación sin haber sido apoyada, paralelamente, de razones que sustenten el necesario retraso que debe existir entre la aparición del instinto y su posterior consumación. Igual de importante, o más, es el contenido de la información que proporcionamos a nuestros hijos.
En nuestro país las primeras relaciones sexuales se sitúan en torno a los 17 años. Pero este dato no deja de ser una simple estadística y no una norma de comportamiento, ni siquiera una referencia de conducta para que los padres la "implanten" en sus hijos. De hecho, algunas personas no se encontrarán emocionalmente preparadas hasta algunos años después. Dudo que esta regla de proporcionalidad sea lineal para edades inferiores.
Se habla mucho de la educación sexual. Curiosamente, cuando esta se consigue se convierte, muchas veces, en una especie de manual de instrucciones como los que incluyen los muebles de IKEA. Nada de ello puede reemplazar a las conversaciones íntimas con nuestros hijos en las que podemos transmitir que la sexualidad es mucho más que la mera relación sexual. Empaparles en la idea de que existe un recorrido que, además, no deben perderse porque, en muchas ocasiones, es mejor que el propio destino. En el caso de los varones, dejarles claro que las responsabilidad es compartida, subrayando valores de responsabilidad y de consecuencias prácticas.
En fin, no solo hablar si no comunicarse, pero desde el principio, sin esperar a que sobrevenga alguna "gran crisis" o, por lo menos, si llega, estar sólidamente asentados. Antes de educar a nuestros hijos educarnos nosotros mismos. Reconozco, modestamente, que yo sigo haciéndolo todos los días.
El debate está abierto...
José Miguel Gaona
Director "Educar Bien"