martes, 21 de noviembre de 2006

SOCIEDAD, EDUCACION Y NEUROSIS

Hace pocas semanas unas compañeras empujaron a otra por unas escaleras. ¿Resultado?: una pierna rota. Me entero de la noticia leyendo la portada de un periódico de tirada nacional. Días antes, observo en los principales telediarios como un padre convoca una rueda de prensa porque a su hijo le han pegado con una regla o estuche para lápices mientras otros compañeros lo grababan con una cámara de video propiedad de la escuela que, al parecer, el padre arrebató, a su vez, al niño aficionado al séptimo arte. Un tanto agobiado con tanta noticia poco esperanzadora decido darme un paseo mientras voy a buscar a mi hijo a la parada del autobús escolar. Un viandante porta uno de esos periódicos de distribución gratuita en los que con grandes letras de molde, similares a los que se imprimieron el día de la llegada del hombre a la luna, el titular afirma sin pudor alguno: “Las fuerzas policiales colaborarán contra el acoso escolar”.

Recuerdo, cuando era niño, que nos empujábamos por las escaleras, hecho que dio lugar a más de un descalabro con férulas de yeso incluidas. En otra ocasión, un compañero casi perdió la visión de un ojo por una pequeña flecha de papel certeramente disparada con una goma elástica. Podría contar tantas anécdotas que, seguramente, agotaría el contenido de este "blog". Sin embargo, ninguno de nosotros constituíamos portada de periódico ni de telediarios. Afortunadamente, no disponíamos de móviles ni de otros ingenios tecnológicos como para grabar e inmortalizar estos suculentos momentos. Nos defendíamos sin abogados ni ruedas de prensa. En el mejor de los casos nuestros padres hablaban al profesor jefe y éste, a su vez, amonestaba y castigaba al niño. Pobre de aquel que desafiase al profesor Gutiérrez. El respeto que nos inspiraba se asemejaba a un personaje propio de de la mitología griega. Incluso, nuestros padres se dirigían a él con cierta actitud tímida y amedrentada. El era la “autoridad”. No recuerdo que aplicase castigos físicos pero su mirada, literalmente fulminaba, hasta el punto de sentir una fuerte arritmia cardiaca en caso de ser blanco de la misma. Paradójicamente, su recuerdo no me inspira miedo si no una grata sensación de saber como he llegado a ser quien soy.

Nuestra sociedad neurótica y desorientada se amilana ante figuras cargadas de autoridad que sepan transmitir valores y que, asimismo, muestren comportamientos a seguir. Pone el grito en el cielo cuando un profesor le arrebata una cajetilla de cigarrillos a un niño. Sin embargo, no muestra recato alguno ante la posibilidad que la policía tuviese que detener a un colegial. Seguro que el “profe” Gutiérrez lo arreglaba en un santiamén. Educando al de los cigarrillos, al de la cámara y a alguno de sus padres.

3 comentarios:

Marian dijo...

Cuando yo era niña yeníamos una figura similar. En este caso monja. No se necesitaba a la policía ni a los padres para maener el orden en el colegio. Otra cosa: menos padres timoratos que convocan ruedas de prensa y más dedicación a los hijos y dejarse de pamplinas legales.

Anónimo dijo...

La exposición que hace sobre el comportamiento escolar en dos periodos distintos, antes y ahora, tienen un alto grado de realidad, pero también es preciso no sacarlos de contexto para compararlos.
Antes había una realidad social diferente a la actual y es natural que los comportamientos sean diferentes.
Constatar estas diferencias puede entenderse que el mensaje es que antes se educaba mejor que ahora, y esto a mi modo de ver es un error.
La educación actual deja mucho que desear, pero no creo que volver al pasado sea la solución. El pasado debe de servirnos para no cometer los mismos errores.
La responsabilidad educativa de los hijos tiene que recaer por entero sobre los padres, los profesores y resto de estamentos sociales tienen que estar al servicio de los padres para que impartan una educación adecuada a sus hijos. Está claro que los primeros en educarse son los padres.
Comentaré un caso real:
En unas jornadas sobre educación, dirigida a los padres, promocionada por la comunidad de Castilla-La Mancha, se me ocurrió indicar que los padres deberían estudiar para dar ejemplo a sus hijos en lugar de exigir al hijo que hiciera los deberes mientras el padre veía apasionadamente el fútbol en la televisión con un cigarrillo en una mano y un gran vaso de cerveza en la otra.
Lo que me cayo encima fue monumental, pero lo más sorprendente para mí fue la declaración que hizo la directora, tras un gran esfuerzo por restablecer la calma; la respuesta literal fue ---Los padres tienen un conocimiento innato para educar a sus hijos y no precisan de estudio alguno, para eso estamos los profesionales--- la sicóloga que dirigía aquella especie de escuela de padres, asintió muy complacida de la merecida respuesta que me había dado.
Profesores que lo único que desean es la ayuda de los padres para realizar lo que a ellos les parece adecuado, y padres que la responsabilidad educativa les viene grande. Esta es la realidad.
Lo que hace falta son soluciones para que los padres asuman su cometido, profesores que se ciñan a realizar bien la materia que les corresponda y un sistema educativo que proteja el desarrollo del niño en su ambiente familiar en lugar de estar dirigido principalmente a campañas electorales.
Atentamente.
info@urbanadas.com

Maria Jesus dijo...

El profe Gutierrez, era el Señor Gutierrez o Don Gutierrez, al que se le hablaba de usted y se le tenia respeto, porque se hacia respetar, era el maestro, era la autoridad..Ahora es Gutierrez, no me hables de usted, tuteame, es mas cercano, tan cercano que hemos perdido el respeto y ¿la autoridad?, ¿quien la tiene?,los padres, los alumnos, el maestro... ¿Ahora quien amonesta o castiga esos comportamientos? A los padres se les tiene "miedo" porque ahora mandan mucho,los alumnos se han subido a la chepa de ambos, de profesores y padres,el centro educativo no quiere salir en ninguna portada de periodico por problemas de convivencia, son problemillas de adolescentes...la verdad yo no se si realmente sere una neurotica pero no me gusta lo que veo, a mi si me gustaria volver a tener cerca al Señor Gutierrez.